Los Templarios, la francmasonería y otras logias…

La francmasonería es una de las más antiguas organizaciones aún existentes en nuestros días. Rollos de papiro, encontrados en 1888, durante excavaciones en el desierto de Libia, describen encuentros secretos de corporaciones semejantes 2000 años antes de Cristo. Esas corporaciones ya habían participado de la construcción del Templo de Salomón y eran, más o menos, como la de los sindicatos de hoy en día.

Ya entonces eran garantía de tradición mística. Dicen que la finalidad de la francmasonería es la transformación interior del ser humano, gracias a un trabajo espiritual que visa a la perfección, en lo que concierne a Dios. Los francmasones pertenecen a diversas religiones, de dónde viene el nombre que ellos dan a Dios, que es “El Gran Arquitecto del Universo”.

Encontramos otras informaciones en el Libro de los Muertos de los egipcios, gracias al dios Toth, que fue antaño su gran-maestre. Gran maestre, es el título utilizado para los grandes dirigentes. El conocimiento espiritual de los francmasones fue traducido por símbolos, alegorías y rituales, que servían también para la comunicación. El lenguaje secreto es representado por símbolos, tales como el apretón de mano de los francmasones, la pirámide, el pentagrama, la utilización de los números 3, 7, 13, 33, que encontramos en sus blasones, en los emblemas y, hoy en día, en las siglas de las firmas y en los nombres propios.

El más importante símbolo en muchas organizaciones, incluyendo la francmasonería, es el delantal. El delantal, que en el inicio era muy simple y sin gala, fue sustituido por el clero de Melquisedequec allá por el año 2200 a.C. por una piel de carnero blanca, que aún hoy se utiliza.

En el antiguo Egipto, los dioses que, según viejas tradiciones volaban en “barcos divinos” (Ovnis) eran representados con delantal en los frescos de los templos.
Posteriormente también los sacerdotes adoptaron el delantal, símbolo de la autoridad sobre el pueblo, porque ellos eran los representantes de los dioses.

Ya sobre el 3400 a.C. los miembros de la Cofradía de la Serpiente usaban el delantal en señal de sometimiento a los dioses que bajaban de los cielos en “ruedas voladoras”. Es poco probable que en los grados inferiores de las logias se conozca, en laactualidad, el simbolismo del delantal.

Antes de 1307, los templarios, así como los Caballeros de San Juan, y en parte también la Orden Teutónica – las dos últimas siendo órdenes compasivas en su origen – eran organizaciones dirigentes que organizaban las cruzadas contra los musulmanes. Aunque reinase hostilidad entre esas órdenes, se mantenían unidas en el combate por la cristiandad.

No es ninguna casualidad la confusión existente sobre los templarios y sus secretos históricos y ocultos: esa falta de claridad ha sido intencionadamente provocada, en concreto durante estos últimos 150 años. El secreto que envuelve a los templarios no existiría si no se quisiera que existiese. Proviene de los círculos y fuerzas que tuvieron y siguen teniendo, todo su interés en mantener la verdad escondida. El espíritu de la Orden de los Templarios fue distorsionado, así como las enseñanzas de Jesús cuando atribuyeron al cristianismo el supuesto “Antiguo Testamento”, cuyas leyes él combatía.

En ambos casos, lo esencial fue distorsionado. En estos últimos tiempos y en estos últimos años vemos surgir diferentes “nuevas pseudo-órdenes de los templarios”.

Entre ellas se encuentran seguramente hombres de buena voluntad, pero también charlatanes y servidores de ese espíritu que los antiguos templarios justamente
combatían. Hacer una amalgama del nombre y del espíritu de los templarios con los componentes francmasones es verdaderamente grotesco.

Eso aconteció como grado de templario en el rito francmasón de York. Dos hombres hondamente creyentes fundaron la Orden de los Templarios: Hugues de Payns y Geoffroy de Saint-Omer, un franco y un normando. Un pequeño círculo de amigos se formó alrededor de ellos, animados por una gran fe, propia de la Edad Media, y que el ser humano actual apenas puede llegar a imaginar.

Ese pequeño círculo decidió en la Navidad del año 1117, en Jerusalén, formar un pequeño grupo para proteger a los peregrinos. Su único deseo era estar al servicio del Señor Jesús Cristo y de su fe. El grupo, que por entonces contaba con nueve caballeros, se encontraba prácticamente solo, sin protección ni grandes medios financieros.

En la primavera de 1117 el grupo se presentó al rey Balduíno de Jerusalén y al Patriarca, que alabaron sus intenciones. Poco después, los caballeros, cuya morada era justamente la “Casa Alemana”, hospital dirigido por alemanes, obtuvieron permiso para instalarse en el lugar del antiguo templo. Por ese motivo, fueron denominados
“templarios”. Ellos mismos siempre se consideraron “Hermanos del verdadero templo
de Cristo” lo que quería decir el “templo interior del alma”.

Sin duda alguna, la historia de los templarios habría pasado desapercibida si no hubiese tenido lugar un importante hallazgo en las ruinas del templo, con el que los caballeros no supieron qué hacer en un principio. Se trataba de fragmentos de escritos hebraicos cuyo contenido adquirió rápidamente una importancia decisiva para los caballeros y para toda la historia de la Orden. Esos fragmentos fueron remitidos al erudito Etienne Harding, quién los tradujo. Ése fue el punto de partida para todo lo que iba a seguir. En efecto, los retazos de escritos se referían a fragmentos de los eschaimins (espías) judíos que, mandados por el clero, relataban el procedimiento del “maldito Manzer (hijo de puta) Jesús“, y de “sus blasfemias contra el Dios de Israel”. Lo que allí se podía leer estaba en completa contradicción con las enseñanzas predicadas por la Iglesia. Jesús Cristo había tratado al Dios hebraico Yahvé con el nombre de Satán, e increpado a los judíos porque habían hecho del Demonio su único Dios. Aún hoy se encuentran claras alusiones en el Evangelio de San Juan, del Nuevo Testamento, donde Jesús dice a los judíos: “Tenéis por Padre al Demonio” (Juan 8:44).
¡Qué enorme falseamiento de la verdadera enseñanza de Cristo!

Es necesario impregnarse de la fuerte creencia de aquellos caballeros para imaginar el choque que sintieron. El Dios que la Iglesia designaba como “Padre de Cristo” era, según las palabras de Jesús, el Demonio que él había venido a combatir en la Tierra.

El estudio de la Biblia puso rápidamente en evidencia ante esos caballeros de espíritu simple y con raciocinio, que las enseñanzas de Jesús y el supuesto “Antiguo Testamento” estaban en polos opuestos, y que nada tenían que ver el uno con el otro. Además, los judíos nunca daban a Dios el nombre de Padre, sino el nombre de Yahvé y El Schaddai.

Pero El Schaddai era el Scheitan, que quiere decir “el ángel caído” (Schaddeim = pérdida de la corona; El = gran ángel. El fue con frecuencia traducido, erróneamente, por el nombre de Dios. Pero “Dios” es denominado en el viejo idioma oriental “IL”).

Cuando en el año 1128 aconteció la fundación formal de la orden, y Bernard de Clairvaux fue considerado, hasta cierto grado, como su protector, el pequeño grupo de templarios ya poseía un secreto: la voluntad de conocer la verdad sobre Cristo.

Hasta entonces había reinado la incertidumbre; luego reinaría la certeza. Es necesario ver en esa voluntad de un grupo de caballeros una piedad ingenua, que únicamente deseaba servir al Señor Jesús Cristo y encontrar su verdadera enseñanza. No poseían ninguna agresividad, no hacían mal a nadie. Fue Bernard quién les hizo comprender que sus ambiciones no serían correspondidas con amor y que sería prudente no expresar abiertamente lo que pensaban. Los años venideros no trajeron mayores novedades respecto a la enseñanza original de Cristo.

La Orden de los Templarios se volvió entonces hacia las misiones militares. El secreto no vivió sino en el recuerdo de algunos hermanos provenzales. Los imperativos prácticos de Oriente dejaron poco tiempo para que recordasen el secreto.

El estrecho contacto con el Islam trajo nuevos empujes. Con ocasión de un ataque contra Damas, algunas cartas atribuidas a Alí Iben Abu Thalit (Imã Alí) cayeron en manos de una sección de templarios. Alí Iben mencionaba en ellas un falseamiento posterior del Corán, que él comparó con el falseamiento de los Evangelios de Cristo.

Esos documentos llegaron a Provenza, donde enseguida resurgió la antigua idea de profundizar en la veracidad de los Evangelios. Todo ocurrió muy rápido, sin interrupción: un documento llegó para la comendatoria provenzal, transmitido, según todas las posibilidades, por los círculos marcionistas. No es pues de extrañar que más tarde los templarios rehusaran tomar parte en la “cruzada” contra los cátaros. (cátaros = albigenses = herejes del Sur de Francia, de la ciudad de Albi en los siglos XII y XIII, que profesaban una doctrina dualista maniquea, doctrina que se fundamentaba en los principios opuestos del bien y del mal).

Se trataba de un fragmento del Evangelio original de San Juan, escrito en el año 94 D.C., por el herético Marcion. Había una carta adjunta, dando un corto relato de la vida de Marcion. Aclaramos aquí que Marcion fue el instigador de un importante movimiento puramente cristiano en los años 90 a 130 D.C., que sólo terminó después de su muerte.

Marcion, que había llegado a encontrarse con el apóstol Juan, enseñaba que Jesús Cristo había sido, de hecho, la encarnación de Dios; que no existía un “Dios Padre” con el nombre de Yahvé, y que ese Dios hebraico era justamente Satán en persona. Enseñaba también que Jesús había anunciado a los seres humanos que ellos eran dioses.

Dependía solamente de la buena voluntad de cada uno y no necesitaban ningún templo ni ninguna organización eclesiástica.

Desde ese momento, se desarrolló “una orden”, una verdadera comunidad de conspiradores marcionistas. Originalmente, quiénes formaron aquel grupo particular en el seno de la Orden de los Templarios eran provenzales y alemanes. En aquella época la mayoría de templarios seguramente no percibía lo que significaba el cambio de la cruz simple y simétrica de la orden por una “cruz de caballero”.

Al principio, las “cruces de caballero”, típicas en nuestros días y que iban a ser utilizadas por otras órdenes bajo formas semejantes, no existían aún tal como son.

En su origen los templarios usaban una cruz roja simple sobre sus mantos blancos. Fue sólo bajo la influencia camuflada de los adeptos de Marcion que “la cruz marcionista” (la cruz con espinas) se convirtió en el símbolo de los templarios.

En los inicios del cristianismo, la cruz con espinas había sido la enseña de los adeptos de Marcion. Era la “cruz hetárica”. Se dice que Juan, el Evangelista, había confeccionado una cruz con espinas para la madre de Jesús. Marcion escogió entonces la cruz roja con espinas como señal de la cristiandad pura. La cruz de los caballeros templarios se convirtió así en el símbolo del marcionismo para el iniciado.

Posteriormente apareció la cruz dupla con espinas, propia de los templarios ocultistas. En el mismo período surgió la llamada a combate de los templarios, que proclamaban: “¡Viva Dios Amor Santo!” Con ese llamado se dirigían exclusivamente a Cristo, y rechazaban al dios vengador del Antiguo Testamento.

La gran mayoría de personas, tanto en el exterior como en el seno de la orden, no era iniciada en lo que constituía el lado secreto. El tiempo no estaba maduro, se esperaba que surgiesen otros documentos de la época del inicio del cristianismo, que serían, por tanto, pruebas incontestables. De hecho, tales documentos iban a aparecer de forma distorsionada, pero sería muy largo profundizar sobre esto ahora. Contentémonos con saber que dos templarios descubrieron un escondrijo muy antiguo de los adeptos de Marcion en las ruinas de la vieja Cartago. No lo descubrieron por casualidad, sino que iban siguiendo el rastro de Marcion, que permaneció allí durante mucho tiempo.

Encontraron no solamente fragmentos de escritos evangélicos originales de Juan y Mateo, sino también un viejo escrito cartaginés, comprendiendo un credo y un texto sobre la creación del mundo, acompañado de una traducción griega debida probablemente a Marcion. En ese escrito, el Ilu Aschera, se reconocían los verdaderos fundamentos de la enseñanza de Jesús Cristo.

Mencionaremos solamente el asunto de la “revelación de los templarios” del año 1236, que prometía la venida de un reino luminoso “en el país de la medianoche” (Alemania), y que los devotos entre los templarios serían elegidos para abrir ese camino. Esa revelación aconteció cuando dos caballeros que buscaban escritos marcionistas en los lugares de Cartago tuvieron una aparición femenina que les transmitió el mensaje.

Fue tras esa visión que se creó el Tempelhof en Berlín, futura capital del norte de la “Nueva Babilonia”. ¿Cuáles eran verdaderamente la fe, el estado de espíritu y la visión del mundo de aquellos templarios? En la Edad Media, el país del sol poniente reposaba sobre tres piedras angulares:

1. la religión judeo-cristiana,
2. una economía monetaria y comercial basada en la autoridad de recibir
intereses, que existía desde el Antiguo Testamento, y
3. el principio del poder absolutista.

Los templarios tuvieron la idea de derribar esas tres piedras angulares, apenas tuvieran suficiente poder para hacerlo. Se trataba, pues, de eliminar la Iglesia judeocristiana y de colocar en su lugar una comunidad de fe digna de aquélla de los primeros cristianos, excluyendo todo que la uniese al Antiguo Testamento.

De aquello resultaría una revolución del sistema económico y monetario, que incluiría la prohibición de percibir intereses por un préstamo, la destitución de las monarquías absolutas y la edificación de una orden aristocrático-republicana.

Todo eso nos hace comprender por qué las fuerzas dominantes iban a proceder a la aniquilación de los templarios. Después de la caída de Jerusalén, que significaba la victoria definitiva de los musulmanes, los Caballeros de San Juan se fugaron de Tierra Santa y se establecieron, en los años siguientes, en diferentes islas del Mediterráneo. Usaron los nombres de esas islas para designar su orden, de ahí las denominaciones de: Caballeros de Rhodes y más tarde de Caballeros de Malta.

Crecieron hasta detentar un asombroso poder militar y marítimo en el Mediterráneo, antes de ser derrotados por Napoleón en 1789. En 1834, su sede principal fue
transferida a Roma, donde hasta día de hoy son conocidos como la Orden Soberana y Militar de Malta (SMOM), de dónde proviene la cruz de Malta.

Entre sus miembros encontramos:
•al fallecido William Casey (ex jefe de la CIA de 1981 a 1987),
•Alexander Haig (ex secretario del Departamento de Estado americano),
•Lee Iacocca (presidente de la Chrysler Corp.),
•James Buckley (Radio Libre de Europa),
•John McCone (jefe de la CIA en el gobierno Kennedy),
•Alexandre de Marenches (jefe del servicio secreto francés),
•Valéry Giscard d’Estaing (ex presidente de Francia).

La suerte de los templarios no fue envidiable, pues no consiguieron salvar Tierra Santa. Por esa razón el Vaticano, por orden de Felipe IV, denominado el Hermoso, los persiguió en el año 1307. Fueron acusados de prácticas satánicas y otras difamaciones. Felipe, el Hermoso, envidiaba además su poder y privilegios.

Los templarios se fugaron de Francia para buscar protección en regiones más seguras como Portugal, Inglaterra y Escocia, donde el poder del Vaticano era menos intenso. Allá, una parte de los templarios se unió con las logias de francmasones ya existentes, y bajo esa nueva entidad participaron de la reforma protestante para vengarse de las persecuciones de la Iglesia Católica.

Otra parte de los templarios se instaló en Portugal bajo el nombre de Caballeros de Cristo. Estos fueron rehabilitados por el papa Clemente V. En Portugal los templarios volvieron, nuevamente, a acumular un gran poder, de lo cual hablaremos más adelante.

El 11 de marzo de 1314 su gran maestre Jacques de Molay fue quemado en la hoguera, delante de la catedral Nôtre-Dame de Paris, por orden de Felipe IV.

Dos nuevas instituciones existían desde tiempo de las cruzadas: la de los franciscanos y la de los dominicos. Los franciscanos retomaron el distintivo corporal utilizado por la fraternidad egipcia en El Amarna, esto es, la tonsura (corte circular del cabello, en la parte más alta y posterior de la cabeza), y el cordón en la cintura. Parecían ser muy humanitarios. Los dominicos, por el contrario, fueron el instrumento de la más cruel institución jamás inventada por el hombre: la Inquisición Católica.

En el siglo XVI, y precisamente en Alemania, surgieron, por primera vez los mayores iniciados de la Cofradía de la Serpiente, bajo el nombre latino de Illuminati (la palabra bíblica original para serpiente, nahash, proviene de la raíz nhsh, que significa “descifrar, descubrir”; en latín illuminare significa “alumbrar, conocer, saber”). En Alemania, una de las más importantes ramas de los Illuminati, fue la de los Rosacruces, orden mística introducida por el emperador Carlomagno al inicio del siglo IX. La primera logia oficial fue creada en Worms en 1100 D.C. Los Rosacruces se permiten afirmar que conocen el origen (extraterrestre) del ser humano, así como las doctrinas esotéricas de Egipto. Se volvieron célebres gracias a su trabajo sobre símbolos místicos y sobre alquimia. Existía una muy estrecha relación entre rosacruces e Illuminati, ya que la ascensión en los grados secretos iniciáticos de los Rosacruces frecuentemente ocasionaba su admisión en los Illuminati.

Era difícil perseguir a los Rosacruces, dado que cada gran rama de la cofradía trabajaba en público durante los 108 años que seguían a su fundación, para después ponerse en activo clandestinamente durante los 108 años siguientes. Estas fases alternadas daban la sensación de que la orden se había disuelto, y facilitaba el trabajo de los hermanos.

Hay un gran número de autores que señalan 1614 como el año en que la Orden de los Rosacruces vio la luz, cuando un escrito anunció oficialmente su existencia en Hesse, haciendo un llamamiento a las personas para que se afiliasen. En ese momento recomenzó la fase de actividades exotéricas. El escrito, que exhortaba a los seres humanos a prescindir de falsas enseñanzas como las divulgadas por el Papa, Aristóteles y Galeno (médico popular de la antigüedad), describía también la historia del personaje ficticio Christian Rosenkreuz, escogido para simbolizar la fundación de la Orden. En nuestros días se le designa con frecuencia erróneamente como el verdadero fundador. El sistema de períodos alternos de 108 años había triunfado plenamente.

Los Rosacruces están hoy presentes en numerosas ramas. El orden apunta a fines positivos y a la redención del espíritu y del alma de cada ser humano. La orden AMORC (Antiguo y Místico Orden Rosa- Cruz) es ejemplo de ello.

Con los Illuminati y los Rosacruces se encontraba esa fuerza que promovió los movimientos religiosos durante los años de la peste. Los Amigos de Dios entre otros, formaban parte de ellos. Su enseñanza se basaba en el Apocalipsis, y exigía obediencia absoluta a los dirigentes. El movimiento, en su conjunto, fue transmitido posteriormente a la Orden de San Juan, designada como “organización francmasónica con misión secreta” en el libro de Albert Mac Key, Encyclopaedia of Freemasonry.

Martin Lutero mantuvo estrechas relaciones con los Illuminati y los Rosacruces, tal como su sello personal dejaba bien claro a los ojos del iniciado (una rosa y una cruz con sus iniciales, como los rosacruces). La Iglesia estaba entonces dirigida por el Papa León X, hijo de Lorenzo de Médici. Este último era el dirigente de un rico banco internacional en Florencia. Una generación antes, el Papa había confiado a la familia Médici el cargo de recaudador de impuestos y diezmos para el papado, eso fue lo que ayudó los Médici a convertir su banco en uno de los más ricos e influyentes de Europa.

La sedición de Lutero contra la acción de la Iglesia Católica estaba justificada. Esta última se había convertido más en una empresa comercial que en un puntal de fe. Uno de los personajes clave apoyando la Reforma fue Felipe, el Magnánimo. Fundó la “Universidad Protestante” en Marbourg, y organizó una alianza política contra el emperador católico Carlos V.

Tras la muerte de Lutero, su comunidad de fe fue sostenida por Sir Francis Bacon, el mayor dirigente de los Rosacruces en Inglaterra. En tiempos del rey James I, Bacon fue el coordinador del proyecto que tenía como objetivo la elaboración de una Biblia protestante inglesa reconocida. Esa versión, conocida en 1611 con el nombre de Versión del Rey James es, hoy en día, la Biblia más difundida en el mundo anglófono.

La Contrarreforma fue llevada a cabo por una nueva cofradía: la Compañía de Jesús, más conocida por el nombre de Orden de los Jesuitas, y fundada en 1534 por Ignacio de Loyola. Se trataba de una sociedad secreta militante y católica, con rituales secretos, simbolismos y grados de iniciación (el juramento de segundo grado exigía la muerte de todos los francmasones y protestantes).

Los jesuitas fueron enviados a Inglaterra para combatir allí a los herejes protestantes. Se aplicaron en localizar a los herejes que debían ser castigados. Eso significaba que los francmasones debían guardar bien sus secretos, si no querían ser decapitados. Los francmasones trabajaron en el más absoluto secreto en Inglaterra, Escocia e Irlanda, con aportaciones para reforzar el respeto a los derechos del ser humano y del protestantismo. Un gran maestre de los francmasones se hallaba presente en la firma de la Carta Magna, al lado del gran maestre de los templarios. Las diferentes logias tenían también bajo su responsabilidad los movimientos protestantes en Inglaterra y Alemania.

En 1717, la Logia de los francmasones de Londres empezó a trabajar públicamente, creyendo que se hallaba segura en Inglaterra. Esa es la época designada como inicio de la francmasonería en muchos libros de historia. Oficialmente, eso es exacto, aunque su actividad secreta se iniciara milenios antes. Pero, como ya mencionamos ¿para qué guardar secreto si todos sabían lo que los francmasones hacían, cuándo y cómo?.

La consternación reinó entre las logias francmasónicas cuando la Logia de Londres reveló públicamente su trabajo. Fue acusada de alevosía por las otras logias. Después de que la excitación inicial se hubiera apaciguado, los francmasones empezaron a expandirse por toda Europa y el Nuevo Mundo. Se manifestaron, más tarde, en el Nuevo Mundo a través de la Declaración de Independencia y del Boston Tea Party, organizado por la logia francmasónica de Boston.

La Declaración de Independencia fue redactada y firmada casi exclusivamente por francmasones, ya que tanto George Washington como la mayor parte de sus generales lo eran. Es un hecho que hoy por hoy Estados Unidos no existiría sin la presencia activa de los francmasones.

Otra organización secreta muy influyente rivalizaba en fervor para ejercer su control sobre Inglaterra. Los ricos rabinos judíos, que eran los dirigentes políticos y religiosos del pueblo judío aniquilado, unieron fuerzas en un grupo conocido por el nombre de Sabios de Sión (los sionistas se consideran como la elite “mesiánica” del judaísmo, y esperan que todos los judíos del mundo sean solidarios con sus finalidades).

De 1640 a 1689 los Sabios de Sión proyectaron en Holanda “la revolución inglesa” (la caída de los Estuardo del trono británico), y para ello prestaron dinero a los diferentes pequeños partidos existentes. Se sirvieron de su influencia para que Guillermo II, duque alemán de la dinastía Orange-Nassau, se convirtiese en el Stathouder del ejército holandés y más tarde le invistieron como Guillermo Príncipe de Orange. Arreglaron un encuentro entre él y María, la hija mayor del Duque de York y hermana del rey Charles II de Inglaterra. El hermano de este último, sucesor de Jacob II, estaba igualmente presente. Guillermo II se casó con Maria, y tuvieron un hijo, Guillermo III, casado más tarde con Maria II, la hija de Jacob II.

Las casas reales holandesa y británica quedaban desde entonces emparentadas. Los Whigs, partido compuesto por ingleses y escoceses influyentes, ayudaron a destituir a los Estuardo del trono en 1688, y Guillermo III de Orange fue nombrado rey de Inglaterra, en 1689.

Guillermo III, de quién se dice había sido francmasón, fundó el mismo año la Orden de Orange, que se oponía al catolicismo y tenía como objetivo consolidar el protestantismo en Inglaterra. Esa orden todavía existe hoy en día, y su mayor representación se halla en Irlanda, donde cuenta con más de 100.000 miembros, y donde fomenta violentamente la guerra entre religiones.

Guillermo III enseguida comprometió a Inglaterra en costosas guerras contra la Francia católica, que cargaron con fuertes deudas a Inglaterra. Después vino la revancha de Guillermo contra los Sabios de Sión. Guillermo III, con la ayuda del agente William Paterson, persuadió al tesoro británico para que pidiera un préstamo de 1,25 millones de libras a los banqueros judíos que lo habían colocado en aquel cargo. La deuda de Estado creció muy rápidamente, y al gobierno no le quedó otra opción que aceptar las condiciones exigidas.

Las condiciones del préstamo eran las siguientes:

1. los nombres de los prestamistas se mantendrían secretos, y tendrían como garantía la fundación de un “Banco de Inglaterra” (Banco Central);
2. se garantizaba a los directores de ese banco el derecho a fijar el precio del oro en relación al papel moneda;
3. se les permitía prestar 10 £ de papel moneda por libra de oro depositada;
4. se les permitía consolidar las deudas nacionales y asegurar el importe a través de los impuestos francos sobre el pueblo.

Fue así como surgió el primer banco central privado: el Banco de Inglaterra. Este tipo de transacción permitía al banco obtener unas ganancias del 50% invirtiendo un 5%. Y era el pueblo inglés quién tenía que pagar. A los prestamistas no les importaba no ser reembolsados, ya el endeudamiento les permitía tener influencia sobre el desarrollo de la política. La deuda nacional de Inglaterra aumentó de 1,25 millones £ en 1694 a 16 millones £ en 1698.

Después de Guillermo III, la dinastía Hanover tomó el testigo de la casa real británica, que continúa hasta nuestros días ya que los Windsor descienden en línea directa de la casa real de Hanover (Hasta 1901, todos los monarcas provenían de la dinastía de Hanover, pero cuando Eduardo VII desposó a la princesa danesa Alexandra, el nombre de Hanover fue sustituido por el de “Saxe Coburg-Gotha”, nombre del padre alemán de Eduardo. El 17 de julio de 1917 fue nuevamente cambiado por el nombre de “Windsor”, tal como lo conocemos hoy). Es comprensible que a muchos ingleses no les alegre esta soberanía alemana.

Se formaron muchas organizaciones que pretendían llevar nuevamente a los Estuardo al trono. Debido a este peligro, la dinastía Hanover no autorizó la existencia de un ejército permanente en Inglaterra; en lugar de ello, reclutaron las tropas necesarias en su principado y entre sus amigos alemanes. Los pagaba el Tesoro Británico, lo que redundaba en beneficio para los banqueros judíos. El príncipe Guillermo IX de Hesse- Hanau, amigo también de la dinastía Hanover, puso a su disposición la mayor parte de mercenarios.

Extraído de:
Geheimgesellschaften und ihre Macht im 20. Jahrhundert.”
de Jan Van Helsing.
1995, Publicaciones Ewertverlag,
Germany, ISBN 3-89478-069-X

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~ por elnuevodespertar en 02/01/2012.

4 comentarios to “Los Templarios, la francmasonería y otras logias…”

  1. oye esto es erroneo, ademas “van helsing” es el pseudonimo de un escritor antimasonería

    • el autor tiene varios libros, algunos firmados con su nombre real y otros con ese pseudónimo, evidentemente en este libro lo hace con el pseudónimo, es importante no entremezclar los datos y postearlo lo más preciso posible, de lo contrario, después podría haber dificultades para encontrar la información.

  2. LES RECOMIENDO QUE PIENSEN EN TODO ESTO SIEMPRE Y CUANDO NO LO PONGAN EN CONTRA DE LA PALABRA DE DIOS, LA BIBLIA, SI NO MAS BIEN ESFORZARSE CON TODAS LAS FUERZAS EN ADECUAR LA MAS FUERTE Y ABSOLUTA VERDAD O CREENCIA A LA BIBLIA, SOLO ENTONCES SON VERDADEROS VICTORIOSOS.

  3. Intersante artículo, pero te sugiero cambiar el título y el uso indistinto de “Logia”, ya que como podrás ver, en Diccionario de la Real Academia Española define como Logia de la siguiente manera:
    logia.
    (Del it. loggia).
    1. f. Local donde se celebran asambleas de francmasones.
    2. f. Asamblea de francmasones.

    Por lo tanto referirse a cualquier otra agrupación, orden, etc. como logia, es un error.
    Espero haber sido de utilidad.

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