La Crónica de Akakor

La Crónica de Akakor forma parte de los mitos y leyendas de una de las civilizaciones más primitivas de la Tierra. Si hasta la fecha ha permanecido totalmente desconocida, se debe a las características especiales del relato y al completo aislamiento de los pueblos cuya historia refiere. Los últimos descubrimientos originados por la sistemática invasión de la Amazonía corroboran el relato del cacique Tatunca Nara sobre su pueblo, dando así crédito a algo que ya no puede seguir siendo ignorado.

La Crónica de Akakor está dividida en cuatro partes y abarca un período de algo más de diez mil años de la vida del pueblo de Mongulala. El original fue escrito con antiguos jeroglíficos en vasijas y pieles de animales, y luego también en pergaminos.

-El Libro del Jaguar trata de la colonización de la Tierra por los dioses y del período hasta la segunda catástrofe mundial.

-El Libro del Águila abarca el período comprendido entre el 6000 y el 11.000 (según su propio calendario) y describe la llegada de los godos.

-El Libro de la Hormiga, relata la lucha contra los colonizadores españoles y portugueses tras su desembarco en Perú y Brasil.

-El Libro de la Serpiente de agua, describe la llegada de los 2.000 soldados alemanes a Akakor y su integración con el pueblo de los ugha mongulala; predice asimismo una tercera gran catástrofe.

Karl Brugger nació en Munich y estudió Historia Contemporánea en su ciudad natal y en París. Fue corresponsal independiente de radio y televisión hasta 1974, y desde entonces trabaja como corresponsal de la televisión alemana en Rio de Janeiro.

Karl Brugger

Karl Brugger, tras completar sus estudios en historia contemporánea y en sociología, partió para América del Sur como periodista. Allí tuvo noticias de Akakor. Desde 1974, Brugger es asimismo corresponsal de varias emisoras de radio y de televisión de la República Federal de Alemania. Está considerado actualmente como un especialista en temas indios.

En 1972 conoció en Manaus a Tatunca Nara, el hijo de un caudillo indio. Manaus está situada en la confluencia del río Solimoes y del río Negro, es decir, en la primera mitad del Amazonas. Tatunca Nara es el jefe de las tribus indias Ugha Mongulala, Dacca y Haisha. Brugger, concienzudo y escéptico investigador, escuchó la historia realmente increíble que el mestizo le relató. Después de haberla verificado punto por punto, en 1976 decidió publicar la crónica que había registrado en cinta magnetofónica con el título “Die Chronik von Akakor” (La crónica de Akakor).

Tatunca Nara

Algunos párrafos extraidos de La Crónica de Akakor relatados por Tatunca Nara:

En el comienzo todo era caos. El hombre vivía como los animales, sin razón y sin conocimiento, sin leyes y sin cultivar la tierra, sin vestirse y sin ni siquiera cubrir su desnudez. No conocía los secretos de la naturaleza. Vivía en grupos de dos o tres, cuando un accidente los había juntado, en cuevas o en hendiduras de las rocas. Los hombres caminaron en todas las direcciones hasta que los Dioses llegaron. Ellos trajeron la luz.

Conocían el curso de las estrellas y las leyes de la naturaleza. Verdaderamente, estaban familiarizados con las leyes más profundas del Universo. Ciento treinta familias de los Padres Antiguos vinieron a la Tierra y trajeron la luz.

Ellos llevaron al hombre desde la oscuridad hasta la luz. Antes de que los extranjeros llegaran, los hombres vagaban como niños que no pueden encontrar sus hogares y cuyos corazones no conocen el amor. Recogían raíces, bulbos y frutas que crecían salvajes; vivían en cuevas y en agujeros en el suelo; disputaban con sus vecinos por el botín cazado. Pero entonces llegaron los Dioses e instituyeron un nuevo orden en el mundo. Enseñaron a los hombres a cultivar la tierra y a criar animales. Les enseñaron a tejer la tela y asignaron hogares permanentes a las familias y a los clanes. Así nacieron las tribus. Este fue el comienzo de la luz, de la vida y de la tribu. Los Dioses llamaron a los hombres para que se juntaran. Deliberaron, reflexionaron y celebraron consejos. Y luego adoptaron decisiones. Y de entre todas las personas escogieron a sus servidores para que vivieran con ellos, y a los que les transmitieron sus conocimientos.

Y los Dioses gobernaron desde Akakor. Gobernaron sobre los hombres y sobre la Tierra. Tenían naves más rápidas que el vuelo de los pájaros; naves que llegaban a su punto de destino sin velas y sin remos, tanto por la noche como por el día. Tenían piedras mágicas para observar los lugares más alejados, de modo que podían ver ciudades, ríos, colinas y lagos. Cualquier hecho que ocurriera sobre la Tierra o en el cielo quedaba reflejado en las piedras. Pero lo más maravilloso de todo lo eran las residencias subterráneas. Y los Dioses se las entregaron a sus Servidores Escogidos como su último regalo.

Incidentalmente, la Crónica de Akakor se ajusta con precisión a un cuadro que es familiar para los mitologistas de todo el mundo. Los Dioses vinieron «del cielo», instruyeron a los primeros humanos, dejaron tras de si algunos misteriosos aparatos y desaparecieron nuevamente «en el cielo». Los devastadores desastres que Tatunca Nara describe pueden relacionarse hasta en sus más mínimos detalles con la obra Worlds in Collision de Immanuel Velikovsky.

Como documento histórico y cultural, La Crónica de Akakor da una idea cabal del quehacer intelectual de uno de los pueblos más antiguos de la Tierra. Nuestros conocimientos sobre Sudamérica cobran nuevas perspectivas a través de este libro y aparecen interrogantes que señalan nuevos caminos para la investigación.
Nos descubre una dimensión que hará que incluso los escépticos vean que lo impensable es a menudo imaginable.

Para descargar el libro haga clic aquí

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~ por elnuevodespertar en 25/10/2011.

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