¿Quién está detrás de WikiLeaks?

“Los grandes banqueros, al mover algunas simples palancas que controlan el flujo de dinero, pueden determinar el éxito o el fracaso de la economía de un país. Al controlar los comunicados de prensa sobre las estrategias económicas que delinean tendencias nacionales, la élite es capaz no sólo de tomar las riendas de poder de la estructura económica de esta nación sino también de extender el control a todo el mundo. Aquéllos que poseen un poder tal quieren lógicamente permanecer en un segundo plano, ser invisibles para los ciudadanos comunes.” (Aldous Huxley)

WikiLeaks ha sido reconocido como una cuña en la batalla contra la desinformación de los medios y las mentiras del gobierno de EE.UU.

Los documentos revelados constituyen, sin duda, un importante y valioso banco de datos. Los documentos han sido usados por investigadores cruciales desde el inicio del proyecto de WikiLeaks. Las primeras revelaciones se enfocaron tanto en los crímenes de guerra cometidos por EE.UU. en Afganistán (julio 2010) como en temas relacionados con los derechos civiles y la “militarización de la patria”. (Véase Militarizing the “Homeland” in Response to the Economic y Political Crisis, de Tom Burghardt, Global Research, 11 de octubre, 2008.)

En octubre de 2010, se reportó que WikiLeaks había revelado unos 400.000 documentos secretos de la guerra de Irak, que cubrían sucesos desde 2004 a 2009 (Tom Burghardt, The WikiLeaks Release: US Complicity and Cover-Up of Iraq Torture Exposed, Global Research, 24 de octube, 2010). Las revelaciones contenidas en los reportes de WikiLeaks sobre la guerra de Irak aportaron “más pruebas del papel del Pentágono en la tortura sistemática de ciudadanos iraquíes por el régimen post-Sadam instalado por EE.UU.” (Cita de la misma fuente.)

Las organizaciones progresistas han elogiado el trabajo de WikiLeaks. Nuestro sitio web, Global Research, ha brindado una extensa cobertura del proyecto de WikiLeaks. Las filtraciones se han calificado como una victoria extraordinaria contra la censura de los medios corporativos. Pero hay algo más.

Incluso antes del lanzamiento del proyecto, los medios habían contactado con WikiLeaks. También hay reportes de mensajes de e-mail entre WikiLeaks y Freedom House. WikiLeaks inició el contacto al comenzar el proyecto en enero de 2007, pidiéndoles asesoramiento e incluyendo una invitación para que formaran parte de la junta de asesores de WikiLeaks. Freedom House, con sede en Washington, es una “organización de control de los gobiernos que promueve la libertad en el mundo”. Dice un mensaje:

“Buscamos uno o dos miembros para la junta -procedentes de FH que nos aconsejen en lo siguiente:

1. Las necesidades de FH como receptáculo de filtraciones que denuncien corrupción política y comercial

2. Las necesidades de fuentes de filtraciones según la experiencia de FH

3. Recomendaciones de FH de otras personas que puedan ser miembros de la junta de asesores.

4. Recomendaciones generales sobre financiamiento, desarrollo de alianzas, operaciones descentralizadas y contexto político”. (WikiLeaks, Leaks, enero 2007)

WikiLeaks también inició negociaciones con varias fundaciones corporativas en busca de financiamiento (WikiLeaks, Leaks, enero 2007):

El eje de la red de financiamiento de WikiLeaks es la organzación alemana Wau Holland Foundation: “Estamos registrados como una biblioteca en Australia, como una fundación en Francia, como un periódico en Suecia”, dice Assange. WikiLeaks está asociada en EE.UU. con dos organizaciones caritativas que gozan de exención de impuestos, conocidas como 501C3, que “sirven de fachada” para el sitio web, agrega Assange. No da los nombres diciendo que ellas “podrían perder alguna fuente de financiamiento por sensibilidades políticas”.

Assange dice que WikiLeaks recibe cerca de la mitad de su dinero de donaciones modestas conseguidas por el sitio web, y la otra mitad de “contactos personales” , incluyendo “gente millonaria que nos contacta por iniciativa propia…” (WikiLeaks Keeps Funding Secret, WSJ.com, 23 de agosto, 2010)

En un comienzo, a principios de 2007, WikiLeaks reconoció que el proyecto había sido “fundado por disidentes chinos, matemáticos y técnicos que trabajaban en compañías nuevas de EE.UU., Taiwán, Europa, Australia y Sudáfrica… (su Directorio de Consejeros) incluyendo expatriados de Rusia y refugiados del Tíbet, reporteros, ex analistas de inteligencia y criptógrafos estadounidenses”. (mensaje de WikiLeaks Leaks, enero, 2007)

WikiLeaks delineó sus propósitos en el sitio web de la siguiente manera: “[WikiLeaks será] una versión sin censura de Wikipedia para la filtración y el análisis de documentos de procedencia secreta. Nos centraremos principalmente en los regímenes opresivos de Asia, el antiguo bloque soviético, África subsahariana y Oriente Medio, aunque también esperamos ofrecer un espacio para aquéllos en Occidente que deseen revelar comportamientos antiéticos de sus propios gobiernos y corporaciones” (CBS News – Website wants to take whistleblowing online, 11 de enero, 2007, énfasis agregado)

Estos propósitos fueron confirmados por Julian Assange en la entrevista hecha por The New Yorker en Junio de 2010:

“Nuestros objetivos principales son aquellos extremadamente opresivos regímenes de China, Rusia y Eurasia Central, aunque esperamos ofrecer un espacio para quienes en Occidente que desean revelar conductas ilegales o inmorales de sus propios gobiernos y corporaciones. (énfasis del autor)

En la misma entrevista, Assange advirtió de que “exponer secretos” podría hacer caer gobiernos que ocultan la realidad, incluyendo el gobierno de EE.UU.

Desde un principio, el enfoque geopolítico de WikiLeaks en los “regímenes opresivos de Eurasia y Medio Oriente era “atractivo” para las elites estadounidenses, puesto que parecía coincidir con los objetivos de la política exterior estadounidense. Más aún, la composición del equipo de WikiLeaks (que incluía disidentes chinos), sin mencionar la metodología de “exponer secretos” de gobiernos extranjeros, estaban a tono con las prácticas de las operaciones encubiertas de EE.UU. (y con el apoyo de Freedom House) en pos de desencadenar “cambios de régimen” y promover “revoluciones de colores” en diferentes partes del mundo.

El papel de los medios corporativos: El rol central de The New York Times

WikiLeaks no es un proyecto típico de los medios alternativos. Los periódicos The New York Times, The Guardian y Der Spiegel están directamente involucrados en la edición y selección de los documentos filtrados. The London Economist también ha tenido un papel importante.

Mientras que el proyecto y su editor Julian Assange muestran un compromiso y una preocupación por el respeto a la verdad en la información, las filtraciones recientes de WikiLeaks de los cables de la embajada han sido cuidadosamente “redactados” por los medios corporativos en consulta con el gobierno de EE.UU. (Véase Interview with David E. Sanger, Fresh Air, PBS, diciembre 8, 2010.)

La colaboración entre WikiLeaks y los medios seleccionados no es fortuita, fue parte de un arreglo entre los principales periódicos estadounidenses y europeos y el editor de WikiLeaks, Julian Assange.

La pregunta esencial es: ¿Quién controla y supervisa la selección, distribución y edición de los documentos para el público en general?

¿Qué objetivos de la política exterior de EE.UU. se ven beneficiados con este proceso de redacción?

¿Tiene WikiLeaks alguna participación en el despertar de la opinión pública, en una batalla contra las mentiras y fabricaciones publicadas diariamente en los medios impresos y en la TV?

Si así fuera, ¿cómo es posible que esta batalla contra la desinformación de los medios se lleve a cabo con la participación y colaboración de los arquitectos corporativos de la desinformación?

WiliLeaks ha convocado a los arquitectos de la desinformación mediática para luchar contra la desinformación mediática: un procedimiento incongruente y autodestructivo.

Los medios corporativos de EE.UU. y específicamente The New York Times son una parte integral del establishment económico, conectado a Wall Street, los “think tanks” de Washington y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, según sus siglas en inglés).

Más aún, los medios corporativos de EE.UU. han desarrollado una relación de largo plazo con el aparato de inteligencia del país desde la Operación “Mocking Bird”, un proyecto de la Oficina de Proyectos Especiales de la CIA que funciona desde principios de los años cincuenta.

Incluso antes del lanzamiento del proyecto WikiLeaks, los medios corporativos estuvieron involucrados. Su papel fue definido y acordado por los medios corporativos no sólo en la publicación de las filtraciones sino también en su selección y edición. Como una amarga ironía, los “medios profesionales”, usando la frase de Assange en una entrevista con The Economist, han sido socios del proyecto WikiLeaks desde el principio. Algunos periodistas claves conectados con funcionarios de seguridad de política nacional y extranjera han trabajado estrechamente ligados a WikiLeaks en la distribución y diseminación de los documentos filtrados.

Irónicamente, el socio de WikiLeaks, The New York Times, que ha constantemente promovido la desinformación ha sido acusado de conspiración. ¿Por qué? ¿Por revelar la verdad? ¿Por manipularla? Según el Senador Joseph Liberman:

“Creo que WikiLeaks ha violado el Acta de Espionaje, pero, ¿qué pasa con las organizaciones periodísticas -incluyendo The New York Times– que aceptaron distribuir las filtraciones? Para mí, The New York Times ha cometido, al menos, un acto anticívico y si ha cometido un delito o no, creo que merece ser objeto de una investigación a fondo por parte del Departamento de Justicia.” (WikiLeaks Prosecution Studied by Justice Department – NYTimes.com, 7 de diciembre de 2010)

El papel del NYT en la redacción de las filtraciones fue francamente reconocido por David Sanger, corresponsal en jefe de la oficina de Washington:

“Revisamos los cables cuidadosamente para tratar de reescribir el material que pensamos podría perjudicar a individuos o afectar a operaciones en proceso. Hasta tomamos la medida inusual de mostrar alrededor de 100 cables al gobierno de EE.UU. y preguntarle si tenía sugerencias sobre la redacción de los cables.” (Véase PBS Interview; The Redacting and Selection of WikiLeaks documents by the Corporate Media, PBS Interview on “Fresh Air” with Terry Gross: 8 de diciembre, 2010, énfasis agregado por el autor de la nota.)

Sin embargo Sanger también dice en la entrevista:

“Es la responsabilidad del periodismo de EE.UU., desde la fundación del país, dar la cara, tratar de involucrarse en los temas más difíciles de la actualidad y hacerlo independientemente del gobierno.”

¿Cómo lo pueden hacer independientemente del gobierno y al mismo tiempo pidiéndole al gobierno de EE.UU. que hagan sugerencias sobre la redacción de la noticia?

No se puede describir a David Sanger como un modelo de periodista independiente. Es miembro del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y del Grupo Estratégico del Instituto de Aspen, al que pertenecen entre otros Madeleine Albright, Condoleeza Rice, el ex Ministro de Defensa William Perry, el ex director de la CIA John Deutch, el presidente del Banco Mundial Robert. B. Zoellick y Philip Zelikow el ex director ejecutivo de la Comisión 9/11 (Veáse F. William Engdahl, Wikileaks: A Big Dangerous US Government Con Job , Global Research, 10 de diciembre, 2010).

Vale la pena señalar que varios periodistas estadounidenses miembros del Consejo de Relaciones Exteriores han entrevistado a WikiLeaks incluyendo Richard Stengel, Time Magazine (30 de noviembre, 2010) y Raffi Khatchadurian, The New Yorker (11 de junio, 2007)

The New York Times ha estado históricamente al servicio de la familia Rockefeller en el contexto de una larga relación. El actual presidente Arthur Sulzberger Jr. es miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, hijo de Arthur Ochs Sulzberger y nieto de Arthur Hays Sulzberger, quien fue administrador (trustee) de la Fundación Rockefeller. Ethan Bronner, Deputy Foreign Editor del periódico, al igual que Thomas Friedman entre otros, son miembros del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR).

Los Rockefellers, a su vez, poseen una porción considerable de acciones en varias corporaciones de medios estadounidenses.

Cables de la Embajada y del Departamento de Estado

Nadie debería sorprenderse de que David Sanger y sus colegas del NYT centren su atención en una difusión altamente selectiva de los cables de WikiLeaks, enfocándose en áreas que apoyan los intereses de la política extranjera de EE.UU.: el programa nuclear de Irán, Corea del Norte, Arabia Saudí y el apoyo de Pakistán a Al-Qaida, las relaciones de China y Corea del Norte, etc. Estas filtraciones se usaron como material para artículos y comentarios del NYT.

Los cables de la Embajada y del Departamento de Estado publicados por WikiLeaks fueron editados y filtrados. Se usaron con fines de propaganda. No conforman un conjunto de memorandos completo ni tienen continuidad.

De una lista selectiva de cables, las filtraciones se usan para justificar la agenda de política exterior. Un caso ilustrativo es el supuesto programa nuclear de Irán, al que se refieren numerosos cables del Departamento de Estado, al igual que el apoyo de Arabia Saudí al terrorismo islámico.

El programa nuclear de Irán

Se están usando los cables filtrados para alimentar la campaña de desinformación sobre las Armas de Destrucción Masiva de Irán. Mientras que los cables se usan como “prueba” de que Irán representa una amenaza, las mentiras y fabricaciones de los medios corporativos referentes al supuesto programa iraní de armas nucleares no tienen ningún sustento en los cables puesto que en ellos no aparece ninguna mención al respecto.

Una vez que las filtraciones son canalizadas por los medios corporativos, editadas y redactadas por el NYT, van a servir inevitablemente a los intereses de la política exterior de EE.UU., incluyendo las preparaciones de la guerra de EE.UU.-OTAN-Israel contra Irán.

En referencia a la “inteligencia filtrada” y la cobertura del supuesto programa nuclear de Irán, David Sanger ha tenido un papel clave. En noviembre de 2005, el NYT publicó un reporte conjunto de David Sanger y William Broad titulado “Relying on Computer, U.S. Seeks to Prove Iran’s Nuclear Aims”.

El artículo se refiere a documentos misteriosos robados de una computadora iraní que incluía “una serie de dibujos de un vehículo para transportar misiles que supuestamente correspondería a un arma nuclear iraní”:

“A mediados de julio, oficiales de inteligencia estadounidenses convocaron a dirigentes de la Agencia Internacional de Inspección de Armas Atómicas. La reunión fue en el ático de un rascacielos en Viena, desde el que se veía el Danubio, y les mostraron el material que habría sido robado de una computadora “laptop”.

Los estadounidenses proyectaron en una pantalla y desplegaron sobre la mesa de conferencia materiales de más de mil páginas de simulaciones por computadora y testimonios de experimentos, diciendo que demostraban un largo esfuerzo invertido en el diseño de una cabeza nuclear, según media docena de europeos y estadounidenses que participaron de la reunión.

Los documentos, según reconocieron los estadounidenses desde el principio, no eran una prueba de que Irán tuviera la bomba atómica. Presentaban los materiales como la prueba más contundente, hasta la fecha, de que a pesar de las declaraciones de Irán de que su programa nuclear tiene fines pacíficos, el país está tratando de “construir una cabeza nuclear compacta que encaje sobre sus misiles Shahab, que podrían llegar hasta Israel y otros países de Oriente Medio”. (William Broad y David Sanger, “Relying on Computer, U.S. Seeks to Prove Iran’s Nuclear Aims”, NYT, 13 de noviembre, 2005, énfasis del autor)

Estos “documentos secretos” fueron entregados por el Departamento de Estado a la Agencia Internacional de Inspección de Energía Atómica para demostrar que Irán estaba desarrollando un programa de armas nucleares. Era también un pretexto para reforzar las sanciones económicas contra Irán, llevadas adelante por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La autenticidad del material se cuestionó y finalmente un artículo del periodista de investigación Gareth Porter confirmó contundentemente que los documentos de la misteriosa “laptop” son falsos. (Véase Gareth Porter, Exclusive Report: Evidence of Iran Nuclear Weapons Program May be Fraudulent, Global Research, 18 de noviembre, 2010)

Los dibujos de los documentos filtrados por William J. Broad y David E. Sanger no representan los misiles Shahab sino los obsoletos misiles norcoreanos que fueron decomisados por Irán a mediados de la década de 1990. Los dibujos correspondían a “cabezas nucleares incorrectas”:

En julio de 2005 Robert Joseph, vicesecretario para Control Armanentístico y Seguridad Internacional de EE.UU. hizo una presentación oficial de los supuestos documentos referidos al programa iraní de armas nucleares a los dirigentes de la agencia en Viena. Joseph desplegó fragmentos de los documentos en una pantalla de computadora, enfatizando las series de dibujos técnicos sobre 18 diferentes maneras de encajar una carga de explosivos en una cabeza nuclear de un misil iraní de medio alcance, el Shahab-3. Cuando los analistas de IAEA analizaron los documentos descubrieron que los esquemas correspondían a cabezas nucleares que los militares iraníes habían descartado para trabajar con un nuevo diseño. Las cabezas nucleares dibujadas correspondían al diseño de los misiles norcoreanos No Dong, que Irán había adquirido a mediados de la década del noventa… Los documentos de la “laptop” se referían a un modelo anterior de las cabezas nucleares que ya había sido rediseñado… (Gareth Porter, énfasis del autor de la nota)

David Sanger, que trabajó diligentemente con WikiLeaks, bajo el estandarte de la verdad y la transparencia, tuvo también un papel clave en la “filtración” que Gareth Porter describe como información falsa.

El programa nuclear de Irán

Al revelarse que era falsa la información de que Irán estaba desarrollando armas nucleares, quedaba invalidada por completo la denuncia de Washington. Sin embargo, el tema fue prácticamente ignorado por la prensa. También quedó cuestionada la legitimidad de las sanciones contra Irán tomadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Más aún, como amarga ironía, la lectura selectiva del NYT de los cables de la Embajada ha servido no sólo para dejar de lado el tema central de la información falsa sino también para reforzar, a través de la desinformación mediática, las denuncias de Washington de que Irán están desarrollando armas nucleares. Un caso ilustrativo es el artículo de noviembre de 2010, en el que su coautor David Sanger, dice citando los cables de WikiLeaks:

“Irán obtuvo 19 misiles de Corea del Norte, según un cable fechado el 24 de febrero de este año… Estos misiles tendrían la capacidad de atacar capitales de Europa Occidental o fácilmente llegar a Moscú; y los oficiales estadounidenses advierten que poseen propulsión de avanzada, lo que podría acelerar el programa iraní de misiles balísticos intercontinentales.” (Archivo WiliLeaks – Iran Armed by North Corea -NYTimes.com, 28 de noviembre, 2010)

WikiLeaks, Irán y el mundo árabe

Los cables filtrados de WikiLeaks también fueron usados para crear divisiones entre Irán por un lado, y Arabia Saudita y los estados del Golfo por el otro:

“Después de que WikiLeaks denunciara que ciertos estados árabes estaban preocupados con el programa nuclear iraní y pidieron a EE.UU. que tomara represalias militares contra Irán, la Secretaria de Estado Hillary Clinton aprovechó la oportunidad para decir que los cables filtrados muestran que la comunidad internacional comparte la preocupación de EE.UU. por el programa nuclear iraní. (Tehran Times: WikiLeaks promoting Iranophobia, 5 de diciembre, 2010)

Los medios de comunicación occidentales han saltado a esta oportunidad, y han citado los memorandums del Departamento de Estado filtrados por WikiLeaks con el fin de señalar a Irán como una amenaza a la seguridad global, y promover divisiones entre Irán y el mundo árabe.

“La guerra global contra el terrorismo”

Las filtraciones citadas por los medios de comunicación occidentales revelan el apoyo de los estados del Golfo y Arabia Saudita a varias organizaciones musulmanas terroristas, un hecho conocido y extensamente documentado.

Lo que los reportes no mencionan, sin embargo, es algo esencial para la comprensión de “la guerra global contra el terrorismo”: que los servicios de inteligencia de EE.UU. han canalizado históricamente su ayuda a organizaciones terroristas vía Pakistán y Arabia Saudita. (Véase Michel Chossudovsky, America’s “War on Terrorism”, Global Research, Montreal, 2005.) Estas son operaciones de inteligencia encubiertas patrocinadas por EE.UU. usando agentes sauditas y pakistaníes como intermediarios.

Con respecto a esto, los medios corporativos tienden a usar los documentos de WikiLeaks para mantener la ilusión de que la CIA no tiene nada que ver con las redes terroristas, y que Arabia Saudita y los estados del Golfo son los principales financistas de Al-Qaida, Talibanes, Lashkar-e-Taiba y otros, cuando en realidad el financiamiento se hace en conexión y en consulta con sus colegas de los servicios de inteligencia de EE.UU.:

“La información sale a la luz en la última ronda de documentos entregados el domingo por WikiLeaks. En los comunicados dirigidos al Departamento de Estado, las embajadas de EE.UU. en Arabia Saudita y los estados del Golfo describen una situación en la que adinerados donantes privados, a menudo de manera abierta, apoyan con mucho dinero a los mismos grupos que Arabia Saudita dice combatir.” (WikiLeaks: Saudis, Gulf States Big Funders of Terror Groups -Defense/Middle East – Israel News- Israel National News)

Algo similar, con respecto a Pakistán:

“Los cables, obtenidos por WikiLeaks y entregados a varios medios periodísticos, dejan en claro que por debajo de los acuerdos públicos hay conflictos profundos (entre EE.UU. y Pakistán) sobre los objetivos estratégicos en temas como el apoyo de Pakistán a los talibanes afganos y la actitud tolerante con Al-Qaida…” (Wary Dance With Pakistan in Nuclear World, The New York Times, 1 de diciembre, 2010)

Reportes de esta naturaleza sirven para dar legitimidad a los ataques de EE.UU. contra supuestos blancos terroristas en Pakistán.

El uso y la interpretación que hacen los medios corporativos de los cables de WikiLeaks sirven para perpetuar dos mitos relacionados entre sí:

1) Irán tiene un programa de armas nucleares y representa un peligro para la seguridad global.

2) Arabia Saudita y Pakistán son estados patrocinadores de Al-Qaida. Financian las organizaciones terroristas musulmanas, las que se proponen atacar a EE.UU. y sus aliados de la OTAN.

La CIA y los medios corporativos

Las relaciones de la CIA con los medios corporativos de EE.UU. están extensamente documentadas. The New York Times sigue manteniendo una relación estrecha no sólo con los servicios de inteligencia de EE.UU. sino también con el Pentágono y más recientemente con el Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security).

La operación “Mocking Bird” fue un proyecto de la Oficina de Proyectos Especiales de la CIA, fundada a principios de la década de 1950, con el objetivo de ejercer influencia sobre la prensa nacional y extranjera. Desde su fundación, miembros de los medios estadounidenses fueron reclutados por la CIA.

En 1977, Carl Bernstein describe los entretelones de la relación entre la CIA y los medios de comunicación en un artículo para Rolling Stones titulado The CIA and the Media:

“Más de 400 periodistas estadounidenses han desempeñado tareas secretas para la CIA, según documentación de la misma agencia. [1950-1977] Las relaciones entre algunos de estos periodistas con la Agencia eran tácitos; otros eran explícitos… Los reporteros compartían sus notas con la CIA. Los editores compartían sus ayudantes. Algunos de estos periodistas habían ganado el Premio Pulitzer… La mayoría eran menos destacados: corresponsales en el extranjero que se dieron cuenta de que su asociación con la CIA les era beneficiosa para su carrera…

Entre los ejecutivos que colaboraron con la CIA se contaban William Paley de Columbia Broadcasting System, Henry Luce de Time Inc., Arthur Hays Sulzberger de The New York Times, Barry Bingham Sr. de Louisville Courier Journal y James Copley de Copley News Service. Entre otras organizaciones que colaboraron con la CIA se incluyen: American Broadcasting Company, National Broadcasting Company, Associated Press, United Press International, Reuters, Hearst Newspapers, Scripps-Howard, Newsweek Magazine, Mutual Broadcasting System, Miami Herald, y el viejo Saturday Evening Post y New York Herald-Tribune. (The CIA and the Media by Carl Bernstein)

Bernstein sugiere al respecto que “el uso que la CIA realizó de los medios de comunicación estadounidenses ha sido mucho más extenso de lo que reconocieron funcionarios de la CIA públicamente o en sesiones con miembros del Congreso”.

En los últimos años, la relación de la CIA con los medios se ha vuelto más sofisticada y compleja. Nos encontramos frente a una red de propaganda masiva, de la que forman parte varias agencias del gobierno.

La desinformación de los medios se ha institucionalizado. Las mentiras y fabricaciones son más y más descaradas, cuando se las compara con las de los años setenta. Los medios estadounidenses se han convertido en portavoz de la política exterior de su país. Agentes de la CIA “plantan” rutinariamente desinformación en las salas de redacción de los principales periódicos, revistas y canales de televisión: “Unos relativamente pocos corresponsales con buenas conexiones proporcionan las primicias, que reciben cobertura en las relativamente pocas fuentes de noticias dominantes en el medio, donde los parámetros del debate están fijados de antemano y la “realidad oficial” está establecida por los que se alimentan la basura de la cadena de noticias.” (Chaim Kupferberg, The Propaganda Preparation of 9/11, Global Research,19 de septiembre, 2002)

Desde 2001, los medios de EE.UU. han tomado un nuevo papel en la sustentación de la “Guerra Global contra el Terrorismo” y en el camuflaje de los crímenes de guerra patrocinados por EE.UU. Después del 11 de septiembre, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld estableció la Oficina de Influencia Estratégica, u “Oficina de Desinformación” como fuera apodada por sus críticos: “El Departamento de Defensa dice que necesita hacerlo, y van a plantar historias falsas en países extranjeros con el fin de influir en la opinión pública mundial.” (Entrevista con Steve Adubato, Fox News, 26 December 2002; véase también Michel Chossudovsky, War Propaganda, Global Research, 3 de enero, 2003).

Hoy los medios corporativos de EE.UU. son un instrumento de la propaganda de guerra, por ello hay que preguntarse: ¿Por qué el NYT va repentinamente a promover la transparencia y la verdad en los medios apoyando a WikiLeaks en la difusión? ¿Y por qué la gente en el mundo no se detiene a cuestionar las bases de esta relación incongruente?

En la superficie no hay ninguna prueba de que WikiLeaks sea una operación encubierta de la CIA. Sin embargo la relación estrecha y estructurada de los medios corporativos con los servicios de inteligencia de EE.UU., sin mencionar las conexiones de ciertos periodistas con el aparato de seguridad nacional, hacen que la cuestión del patrocinamiento de la CIA sea relevante.

El entorno social y corporativo de WikiLeaks

WikiLeaks y The Economist han entrado en la fase de lo que podría llamarse una relación contradictoria. Julian Assange, editor de WikiLeaks, recibió en 2008 el premio “The Economist’s New Media Award”. Este medio tiene una estrecha relación con las élites financieras de Gran Bretaña. Es un medio periodístico que en general ha apoyado la guerra de Irak. Lleva el sello de la familia Rothschild. Sir Evelyn Robert Adrian de Rothschild ha sido el Director desde 1972 hasta 1989. Su esposa Lynn Forester de Rothschild es miembro de la Junta Directiva actual. La familia Rothschild es dueña de una porción considerable de acciones de la publicación.

La pregunta esencial es por qué Julian Assange recibiría el apoyo de uno de los medios de prensa británicos más emblemáticos por su continua participación en la campaña de desinformación.

Si no estamos ante un caso de “disidencia manufacturada”, el proceso de apoyar y premiar a WikiLeaks por sus acciones, es una manera de controlar y manipular el proyecto de WikiLeaks y al mismo tiempo captarlo para los medios corporativos.

Es apropiado mencionar otra conexión importante. El abogado de Julian Assange, Mark Stephens de Finers Stephens Innocent (FSI), una firma de abogados de la élite londinense, es el consejero legal de Rothschild Waddesdon Trust. Esto no prueba nada, pero debería ser examinado en el contexto del entorno social y corporativo de WikiLeaks: el NYT, el CFR, The Economist, Time Magazine, Forbes, Finers Stephens Innocent (FSI), etc.

Disidencia manufacturada

WikiLeaks tiene las características de un proceso de disidencia manufacturada. Busca exponer mentiras gubernamentales. Ha filtrado información de crímenes de guerra de EE.UU. Pero una vez que el proyecto ha sido vertido en el molde del periodismo corporativo, es usado como un instrumento de desinformación.

“Las élites corporativos , por su propio interés, deben aceptar el disenso y la protesta como una característica del sistema, siempre y cuando, esto no sea una amenaza para el orden social preestablecido. El propósito no es reprimir la disidencia sino, todo lo contrario, manipular el movimiento de protesta para establecer los límites del disenso. Los medios mantienen su legitimidad, y las élites económicas limitan y controlan las formas de oposición… Para ser eficientes, aquellos que son el objeto del movimiento de protesta, deben regular y controlar cuidadosamente a dicha protesta. (Véase Michel Chossudovsky, “Manufacturing Dissent”: the Anti-globalization Movement is Funded by the Corporate Elites, septiembre 2010.)

Este análisis del proyecto WikiLeaks también sugiere que los mecanismos de propaganda del “Orden del nuevo mundo”, en particular en el aspecto militar, se han vuelto más y más sofisticados.

Ya no descansan en la supresión abierta de los hechos referentes a los crímenes de guerra de EE.UU.-OTAN. Ni dependen de que se proteja la reputación de los funcionarios de alto rango del gobierno, incluyendo el Secretario de Estado. En el nuevo orden, los políticos son prescindibles; pueden ser reemplazados. Lo que debe protegerse y reforzar son los intereses de las élites económicas, quienes controlan el aparato político desde las sombras.

En el caso de WikiLeaks, los hechos están en un banco de datos; muchos de ellos, en particular los referidos a gobiernos extranjeros sirven a los intereses de la política exterior estadounidense. Otros hechos tienden, por su parte, a desacreditar el gobierno. Con respecto a la información financiera, la filtración de datos de un banco específico, entregada a WikiLeaks por una institución rival, podría desencadenar el colapso o la bancarrota del banco denunciado.

Todos los Wiki-hechos han sido redactados selectivamente, luego son “analizados” e interpretados por los medios corporativos al servicio de las élites económicas.

Todo el material informativo del banco de datos de WikiLeaks está disponible, pero el público en general no se toma el trabajo de consultarlo; lo más probable es que lea las selecciones redactadas e interpretadas por los medios corporativos.

Estos presentan una parcialidad sesgada. Las versiones redactadas son aceptadas por el público porque llevan el sello de “fuente confiable”, cuando en realidad lo que aparece en las páginas de los periódicos principales y los canales de televisión es una cuidadosa manipulación y distorsión de la verdad.

Las formas limitadas del debate crítico y la “transparencia” son toleradas mientras refuercen el apoyo del público a las premisas básicas de la política exterior de EE.UU., incluyendo la “Guerra Global contra el Terrorismo”. Esta estrategia ha sido exitosa con grandes segmentos del movimiento antibélico de EE.UU.: “Estamos en contra de la guerra pero apoyamos “la guerra contra el terrorismo”.

Esto significa que la verdad en los medios de comunicación sólo se puede lograr desmantelando el aparato de propaganda, es decir, atacando la legitimidad de los medios corporativos al servicio de los intereses de las élites económicas y del aparato militar global de EE.UU.

Por otra parte, debemos asegurarnos de que la campaña contra WikiLeaks en EE.UU., usando la ley de 1917 Espionage Act, no sea utilizada para controlar el internet. Debemos actuar con firmeza para evitar que Julian Assange sea enjuiciado en EE.UU.

Fuente: Globalresearch.ca

~ por elnuevodespertar en 16/03/2011.

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